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SOBRE LOS CHAMANES

  "Muchos se imaginan que un chamán es una especie de mago o encantador: alguien que dispone de fuerzas sobrenaturales.

 

  Creen que el chamán es un personaje exótico, que va ataviado con trajes extraños. Sin embargo, no es eso lo que distingue a un chamán. Un chamán es un ser humano como tú y como yo, un hombre entre los hombres. Un chamán no es un superhombre, sino un hombre real, un hombre que vive prestando siempre gran atención a todo, un hombre que se estudia a sí mismo y ha indagado los tres mundos dentro de sí mismo y por eso está en condiciones de acompañarte en tu camino interior, de ayudarte a conocer tu propia belleza, amarte y llegar hasta ti mismo.


  A un chamán no lo reconocerás por su tambor, ni por sus vestimentas, ni por sus ceremonias. A un chamán lo reconocerás por su presencia, por su estar atento, por su amor. No es chamán todo aquel que (en tu imaginación) tenga aspecto de serlo. Hay chamanes que no tienen aspecto de chamanes y lo son. Grandes maestros que se enfrentaron a la responsabilidad de mostrar el camino a los hombres.

  La misión del chamán es acompañarte en tu camino interior. Está ahí para hacer que te conozcas a ti mismo. La tarea de los chamanes es ayudarte a conseguir esto mediante enseñanzas, historias y, sobre todo, mediante ceremonias".

Fragmento del libro “Escucha la voz del hielo” 

YEMANJÁ

  Madre de la vida y de las Aguas

 

  Es la dueña de todas las aguas y su representación máxima es el mar, fuente fundamental de la existencia. Simboliza el principio y la dinámica de la vida; la renovación y la purificación son sus propiedades divinas. Protectora de todas las enfermedades relativas al vientre y las que impliquen daño o muerte a través del agua, dulce o salada, la lluvia o la humedad.  

 

  Una de sus leyendas cuenta, que al principio de todo, aquí abajo solo había fuego y rocas ardientes; entonces Olofi, el Todopoderoso, quiso que el mundo existiera y convirtió el vapor de las llamas en nubes y, de ellas, cayó la lluvia que apagó el fuego y tendió entre los huecos enormes de las rocas, a Yemanjá, madre de las aguas, para que trazara venas a la tierra y la vida se propagara. Acostada en toda su inmensidad y arropada por la soledad, Yemayá exclamó: «Ibí bayán odu mi: Me duele el vientre», y de sus entrañas nacieron los ríos, los orishas y todo lo que alienta y vive sobre esta tierra.  

 

  Es la orisha de la maternidad, madre del mundo, por que el mar en su extensión abarca la casi totalidad del mundo, ella es la guardadora de todas las riquezas, cuando busquemos a Yemayá tenemos que buscarla, en el mar, el la cresta de las olas, contra la costa y las rocas, que es donde se le ofrece los sacrificios y addimús, cuando Yemaya se enfurece, su forma destructiva es en forma de olas,  y puede ser terrible.

 

  Es la madre de las Aguas, de la Sexualidad, de las Aguas Originales. Del fluido de amniotico en el útero de la mujer embarazada, así como, los pechos de la mujer que son alimento para sus hijos. Es la energía protectora de la fuerza femenina.

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